El debate en torno a la tokenización ha evolucionado considerablemente en los últimos años. Hasta hace poco, el debate se centraba en si la tecnología era viable, si los reguladores la aceptarían y si los inversores confiarían en ella.
Hoy en día, esas cuestiones parecen menos urgentes. La tecnología ya existe, los marcos normativos están en fase de desarrollo y las entidades financieras de todo el mundo están explorando activamente estrategias relacionadas con los activos digitales.
Sin embargo, a pesar del creciente interés y de la inversión, su adopción sigue siendo moderada.
Al reflexionar sobre el debate actual en el sector, hay un mensaje que destaca por encima de todos los demás: los obstáculos para la tokenización son, cada vez más, de carácter comercial y operativo, más que tecnológico. La cuestión ya no es si la tokenización puede funcionar, sino si aporta suficiente valor como para justificar el cambio.
La adopción se basa en los valores
Las gestoras de fondos no adoptan nuevas estructuras simplemente por el hecho de que sean innovadoras. Las adoptan cuando existe una justificación comercial clara para hacerlo. Esta observación podría explicar por qué los activos tokenizados siguen representando solo una parte relativamente pequeña del sector de la inversión en general, a pesar de la atención que recibe este sector.
El reto no es la falta de concienciación. La mayoría de los actores del sector comprenden el concepto y reconocen su potencial. El reto radica en demostrar que los beneficios tangibles superan los costes, la complejidad y los ajustes operativos que conlleva cualquier cambio significativo. La tecnología puede abrir la puerta a nuevas posibilidades, pero, en última instancia, su adopción depende de criterios económicos.
El discurso sobre la liquidez requiere un mayor matiz
Una de las suposiciones más comunes en torno a la tokenización es que genera liquidez. Sin embargo, muchos participantes del sector señalan que la realidad es más matizada. La tokenización no altera de forma fundamental la naturaleza del activo subyacente. Un activo ilíquido no se convierte en líquido simplemente porque la titularidad se represente de otra manera. Del mismo modo, los requisitos normativos, los criterios de elegibilidad de los inversores y los controles de gobernanza siguen influyendo en la participación, independientemente de la tecnología utilizada.
Eso no significa que la tokenización no pueda contribuir a que los mercados sean más eficientes en el futuro. Al contrario, una mayor participación en la cadena, una mejor interoperabilidad y un desarrollo más amplio del ecosistema podrían mejorar la dinámica del mercado con el tiempo.
La distinción es importante. Es poco probable que la liquidez surja como consecuencia directa de la tokenización por sí sola, sino que dependerá de la madurez del ecosistema más amplio que la respalde.
La eficiencia podría ser la oportunidad más atractiva
Quizá los casos de uso más convincentes que están surgiendo hoy en día se centran menos en la transformación y más en la eficiencia.
Las estructuras de fondos subordinados tokenizados suelen presentarse como un ejemplo de cómo las tecnologías de activos digitales pueden mejorar la distribución sin dejar de operar dentro de los marcos normativos establecidos para los fondos. Del mismo modo, las mejoras en los procesos de liquidación y en los flujos de trabajo operativos siguen llamando la atención de los participantes en el mercado que buscan resultados prácticos, más que revolucionarios.
Esto refleja un importante cambio de mentalidad, ya que es posible que la mayor oportunidad no resida en crear productos financieros totalmente nuevos, sino en mejorar la forma en que se gestionan, distribuyen y atienden los productos existentes. En ese contexto, la tokenización deja de centrarse tanto en la disrupción para centrarse más en la optimización.
La automatización es donde puede residir el verdadero valor
Cuando las estructuras tokenizadas siguen basándose en procesos operativos tradicionales, en los que las suscripciones, los reembolsos y las funciones administrativas permanecen prácticamente sin cambios, el blockchain corre el riesgo de convertirse en una capa adicional en lugar de en una herramienta de simplificación.
Es posible que la mayor oportunidad resida en combinar la infraestructura de activos digitales con tecnologías de automatización capaces de optimizar los flujos de trabajo y reducir la intervención manual. Como es lógico, estos debates apuntan al papel cada vez más importante de la inteligencia artificial. Aunque hay opiniones divergentes en cuanto a los plazos y los retos de implementación, muchos participantes en el mercado se están planteando si la IA, utilizada junto con la infraestructura de blockchain, podría acabar teniendo un impacto más significativo que la tokenización por sí sola.
Por supuesto, la gobernanza, la rendición de cuentas y la supervisión siguen siendo aspectos fundamentales. La tecnología puede automatizar los procesos, pero la responsabilidad recae claramente en las entidades reguladas y los fiduciarios.
Sentar las fundaciones para los fondos tokenizados
A medida que la tokenización sigue evolucionando, la atención se está desplazando cada vez más, más allá de la propia tecnología, hacia la infraestructura y el diseño de productos necesarios para facilitar su adopción a largo plazo. Aunque se están logrando avances significativos en ámbitos como la interoperabilidad, las normas de cumplimiento y la conectividad entre múltiples cadenas, el ecosistema de activos digitales sigue estando fragmentado. El objetivo a largo plazo del sector es crear una capa de infraestructura fluida que permita que la liquidez, los datos y los activos circulen de manera eficiente a través de diferentes redes de blockchain sin añadir complejidad para los inversores y los gestores de fondos.
Al mismo tiempo, el diseño de los productos se está convirtiendo en un factor diferenciador clave. Los inversores institucionales van más allá del rendimiento de las inversiones y evalúan factores como la transparencia, el seguimiento de la cartera, la gobernanza de los contratos inteligentes y la funcionalidad integrada en los productos tokenizados. A medida que la tokenización madura, características como la colateralización, las capacidades de financiación y la mejora de la experiencia de los inversores pueden llegar a ser tan importantes como la propia infraestructura subyacente. En conjunto, estos avances sugieren que el futuro de los fondos tokenizados dependerá no solo del progreso tecnológico, sino también de la capacidad del sector para crear ecosistemas interconectados y productos de inversión cuidadosamente diseñados.
La normativa sigue marcando el ritmo del cambio
La normativa sigue siendo uno de los factores más influyentes a la hora de determinar el ritmo de adopción. Aunque se están logrando avances en diversas jurisdicciones, los organismos reguladores siguen buscando un equilibrio entre la innovación, la protección de los inversores y la integridad del mercado.
En las principales jurisdicciones en materia de fondos, la tendencia es integrar la tokenización en los marcos normativos establecidos, en lugar de tratarla como una categoría de productos totalmente independiente. En el Reino Unido, la FCA ha ultimado unas directrices sobre cómo los gestores de fondos autorizados pueden utilizar la tecnología de contabilidad distribuida dentro de la normativa vigente, incluidos los modelos de fondos tokenizados y la negociación directa con los fondos.
En la UE, la MiCA ha creado un marco más armonizado para las actividades relacionadas con los criptoactivos y los proveedores de servicios, aunque las participaciones en fondos tokenizadas que se consideren instrumentos financieros siguen estando, en general, sujetas a la normativa vigente en materia de servicios financieros.
En EE. UU., el análisis normativo sigue centrándose, en general, en la naturaleza del instrumento y la actividad, más que en la tecnología utilizada para registrar la titularidad. Cuando una participación tokenizada constituya un valor, pueden seguir aplicándose los requisitos vigentes de la legislación sobre valores, incluidos los relativos al registro, la divulgación de información, la custodia y la negociación. En las Islas Caimán, los recientes avances legislativos y normativos indican que las estructuras de fondos tokenizados pueden evaluarse en el contexto de los marcos normativos vigentes sobre fondos y activos virtuales, en función de la naturaleza de la estructura y de las actividades implicadas.
No obstante, la gobernanza, la supervisión y la rendición de cuentas no desaparecerán. A medida que las estructuras tokenizadas maduren, el papel de los administradores de fondos y otros proveedores de servicios podría llegar a ser aún más crucial para su funcionamiento y gobernanza.
Un mercado que pasa de la exploración a la implementación
En muchos aspectos, estos avances reflejan que el mercado está entrando en una nueva fase de madurez. La tokenización está dejando atrás su búsqueda de validación y ahora busca alcanzar una mayor escala. Aunque el camino a seguir puede ser más gradual de lo que algunos de sus primeros defensores habían previsto, la trayectoria parece clara. Es probable que las organizaciones que deseen participar en este ámbito se centren cada vez más en el valor tangible que la tokenización puede aportar a los inversores, a los gestores y al ecosistema financiero en general.